Piel de Mar

El mar siempre llega distinto. Así también nace cada obra.

¿Alguna vez te has detenido a mirar cómo el mar abraza la orilla?


Te invito a hacerlo. Es ahí donde comienza esta colección, en ese vaivén infinito, suave a veces, intenso otras. El mar nunca llega igual, y la orilla nunca lo recibe de la misma forma. Así también nace cada obra: única, espontánea, viva.

"Piel de mar" es un homenaje al movimiento constante, al cambio, a la energía que nos transforma.
Mares en calma, orillas serenas. Mares agitados, orillas revueltas.
Todo es parte de un mismo diálogo natural... como la vida.

Esta serie me reta y me inspira. Cada cuadro trae una sorpresa distinta. Algunos susurran suavidad frente al miedo; otros, claridad en medio de la confusión.
Con el tiempo, entendí que esta obra no solo es visual, es emocional.
Es un espejo del proceso de vivir.
Ligera, fluida, fresca.

La Medina Canaria

Cada día los riscos me hablan diferente, según el sol, el cielo... Colores en desorden bajando al mar.

Las laderas de Gran Canaria esconden barrios que parecen pequeñas medinas: construcciones apretadas, desordenadas, pintadas de mil colores, que bajan como ríos de piedra hacia el mar.
Son nuestras propias medinas canarias, espontáneas y vibrantes.

La verdad, al principio no me gustaban. Me costaba mirar esos riscos. Me parecía que les faltaba armonía, vegetación, orden. Un caos visual.
Pero también entendí que tienen su propio lenguaje... uno que se manifiesta en contraste con el cielo, con la luz del día, con el alma isleña.

"La Medina Canaria" nace de ese conflicto entre la mirada crítica y el cariño. Decidí pintarlas para entenderlas, para hacerlas mías. Y en el proceso, les cogí afecto.
Ahora las veo diferentes: con gracia, con personalidad, incluso con humor.
Las observo cada mañana de camino a mi estudio y me sorprenden según el sol y el cielo que amanece en Gran Canaria.

Son un retrato del carácter de la isla: libre, imperfecto, lleno de color y siempre mirando al mar.

Piel de árbol

Caminando hacia la unidad con la tierra.

Caminaba por el bosque, desnuda tras la tormenta siguiendo el camino. Los árboles me arropaban y las hojas cantaban en susurros a mi alrededor. La tierra me regalaba el perfume del petricor y por un momento fui bosque, árbol y hoja. Y ya, no me sentí desnuda nunca más.

En el corazón del bosque, me encontré con mi verdadera esencia.

Sardinero

Sumergirse en el mar es encontrar más vida, más color… y dejarse llevar.

Bancos de peces que centellean con un rayo de sol. Me sumerjo en este cristal puro y líquido, y colores azules y verdes envuelven mi cuerpo. Corrientes bravas, pero serenas, me mecen entre la plata brillante de las sardinas. Naturaleza salvaje que se instala en mi retina y que luego transformo con el golpe del pincel.

Voy en busca de más peces, de más vida… dejándome llevar.

Sueños florales

Las flores más humildes nos enseñan que la belleza está en lo simple.

Todas las flores son bonitas. 
Incluso las más humildes que nacen entre las hierbas invitan a nuestros ojos a desplegarse por sus tonos y texturas.
En honor a la belleza innata de la naturaleza, me adentro en un espacio vegetal que replica con cariño la armonía y perfección de este mundo.

Bosques encanthados

La naturaleza nos habla en silencio, un hechizo que envuelve nuestros sentidos.

¿Has sentido alguna vez que la belleza de la naturaleza es algo creado por seres mágicos?

Es lo que nos pasa cuando nos maravillamos ante tal cautivador e inexplicable hechizo.

Estos bosques nos embargan de emoción y sentimos la vida a nuestro alrededor en forma de seres etéreos que nos dan la bienvenida embriagando nuestros sentidos.